Harry Houdini, el mago más famoso de la historia, murió de una peritonitis el 31 de octubre de 1926, el día de Halloween, en un hospital de Detroit, nueve días después de que un estudiante le golpeara varias veces en el estómago. Había dedicado la última etapa de su vida a perseguir a los médiums que decían hablar con los muertos. Los desenmascaraba en sus sesiones de espiritismo, los imitaba en el escenario e incluso llegó a denunciarlos ante el Congreso de Estados Unidos.
Antes de morir, sin embargo, pactó con su mujer, Bess, una contraseña secreta, una secuencia de palabras que solo conocían ellos dos. Si algún médium conseguía de verdad hablar con él desde el otro lado, tendría que repetírsela tal cual, en el orden convenido. Bess lo intentó durante diez años. ¿Llegó alguien a pronunciar aquellas palabras? ¿Volvió Houdini para responderle? Podría decirse que su particular cruzada contra los espiritistas continuó incluso después de muerto.
Una madre y un rabino de Budapest
El verdadero nombre de aquel mago que escapaba de camisas de fuerza y ataúdes era Erik Weisz, y había nacido en Budapest el 24 de marzo de 1874, hijo de un rabino. Él prefería decir que había nacido en Appleton, en Wisconsin. Fue la primera de sus invenciones sobre sí mismo, pues al fin y al cabo Houdini fue precisamente eso, el personaje que él forjó con su ingenio y su talento.
Amó profundamente a su madre, Cecilia. Cuando murió, el 17 de julio de 1913, Houdini se desmayó al recibir la noticia, y once años después le dedicaría su libro contra el espiritismo, «A Magician Among the Spirits» («Un mago entre los espíritus», 1924), «a la memoria de mi santa madre». Porque el Houdini que acabó siendo el azote de los médiums, no empezó como un escéptico más, sino como un hijo que había perdido a su madre y deseaba, anhelaba con todas sus fuerzas creer en lo extraordinario, en lo que escapa de la razón; en definitiva, en la magia. Y ese deseo de creer, el de tantos que han perdido a un ser querido, era el anzuelo de los espiritistas (estafadores, en realidad) de la época.

A su lado siempre estuvo Bess, Wilhelmina Beatrice Rahner, una cantante y bailarina católica con la que se había casado en 1894. Durante años hicieron juntos un número de «segunda vista»: uno de los dos, con los ojos vendados, adivinaba los objetos que el público le entregaba al otro, gracias a un código secreto. Quedaos con esto, porque ese código volverá a aparecer.
El espiritismo, nacido a mediados del siglo XIX con los golpecitos en la mesa y los tableros que acabarían dando lugar a la ouija, vivió tras la Primera Guerra Mundial su segunda edad de oro, al fin y al cabo viudas y padres estaban dispuestos a pagar fortunas por una última palabra de sus muertos, como, según la leyenda, había pagado antes la viuda Sarah Winchester, heredera de la fortuna de los rifles. Y uno de aquellos nuevos apóstoles fue nada menos que el escritor que había creado al detective más racional de la literatura.
Los indicios del fraude en la sesión de Atlantic City: una cruz y un inglés que envidiaría el propio Shakespeare
Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes, que había perdido a su hijo Kingsley en la guerra, recorría el mundo predicando las bondades del espiritismo. Houdini y él se hicieron amigos, y el 17 de junio de 1922, en la suite de los Doyle en un hotel de Atlantic City. La esposa del escritor, Jean Leckie, Lady Doyle, se ofreció a contactar con la madre del mago mediante la escritura automática, en la que, según los espiritistas, el muerto guía la mano del médium. Solo estaban los tres. Antes de entrar, según contó Houdini, Bess le avisó con el código de su viejo número de que la noche anterior le había contado a Lady Doyle, con todo detalle, lo mucho que él quería a su madre.
Estaba dispuesto a creer; es más, quería creer. Me resultaba extraño, y esperé con el corazón desbocado, con la esperanza de sentir una vez más la presencia de mi querida madre.
— Harry Houdini, «A Magician Among the Spirits» (1924)
Lady Doyle trazó una cruz en la cabecera de la página y empezó a escribir, hoja tras hoja, mientras su marido las arrancaba y se las iba pasando a Houdini. Era un mensaje efusivo, sembrado de «gracias a Dios» y bendiciones, en un inglés impecable. Su madre, judía y viuda de un rabino, jamás habría encabezado una carta con una cruz, un símbolo que no se usa en el judaísmo, y a pesar de haber vivido más de treinta años en América no había aprendido a hablar, leer ni escribir en inglés.
Houdini aseguró que no percibió ni el menor rastro de la presencia de su madre. Doyle, en cambio, que creía de veras en los dones de su mujer, salió muy conmovido, a pesar de que el engaño había sido de lo más burdo. Entre las excusas con las que el escritor trataría de justificar a su mujer, estaban que la cruz se añadía siempre durante la escritura automática, por ser un símbolo sagrado. O que las dudas acerca del idioma no tenían razón de ser, pues según Doyle un espíritu se vuelve más instruido cuanto más tiempo lleva muerto, así que su madre había podido aprender inglés en el cielo.
Al terminar, Doyle animó a Houdini a que probara él mismo la escritura automática como método para comunicarse con el más allá. El mago tomó el lápiz y escribió «Powell», y Doyle se emocionó. Su compañero de causa espiritista, el doctor Ellis Powell, acababa de morir en Inglaterra, y el escritor creyó que era su espíritu el que guiaba la mano de Houdini. Es decir, que el mago, por mucho que lo negara, tenía dotes de médium. Houdini pensaba en otro Powell, uno bien vivo, su amigo el mago Frederick Eugene Powell, con el que se carteaba aquellos días. Ningún muerto había escrito nada.
Doyle nunca cambió de idea. Tras la muerte del mago, publicó un ensayo, «The Riddle of Houdini» («El enigma de Houdini», 1927), donde se reafirmaba en su creencia en las capacidades sobrenaturales del mago:
¿Quién fue el mayor azote de médiums de los tiempos modernos? Sin duda, Houdini. ¿Quién fue el mayor médium físico de los tiempos modernos? Hay quien se inclinaría a dar la misma respuesta.
— Arthur Conan Doyle, «The Riddle of Houdini» (1927)
Para el creador de Sherlock Holmes, Houdini no hacía trucos de magia, sino que se desmaterializaba de verdad en sus escapes. ¿Veis la ironía y la desfachatez? El hombre que más había hecho por demostrar que todo era truco fue tachado de médium.
Volviendo a 1924, Houdini se empeñó en desenmascarar a una famosa médium de Boston.
¿Cómo desenmascaró Houdini a Margery?
Todo empezó con un artículo en la revista Scientific American, en el que había ofrecido dos mil quinientos dólares a la primera manifestación de los espíritus que pudieran registrar los instrumentos, y un comité de cinco jueces, Houdini era uno de ellos. La candidata más reputada fue Mina Crandon, a la que la prensa llamaba «Margery», esposa de un cirujano de Boston. En sus sesiones hablaba por su boca su hermano muerto, Walter, y en la oscuridad sonaban campanas, se movían mesas y le brotaba sobre la cara una sustancia blancuzca, el llamado ectoplasma, la materia con la que, según los espiritistas, los muertos tomaban forma.

Houdini se sentó a su lado en las sesiones del 23 y el 24 de julio de 1924, con su pierna derecha pegada a la de ella. A los pies de Margery había una caja con una campana que sonaba al apretar la tapa, y que según ella tocaban los espíritus. Houdini se había pasado el día con una venda bien apretada bajo la rodilla, para tener la piel hinchada y sensible, y en la oscuridad notó cómo el tobillo de Margery se deslizaba poco a poco junto al suyo hasta alcanzar la caja. La campana sonaba cuando ella movía el pie.
Para las sesiones de finales de agosto, Houdini mandó construir una cabina de madera de la que solo asomaban la cabeza y las manos de la médium. Aun así, la campana volvió a sonar, porque Margery había forzado con los hombros la tapa de la cabina. Al día siguiente apareció dentro una regla plegable de carpintero, y «Walter», por boca de Margery, acusó a Houdini de haberla escondido allí para inculparla y lo echó de la sala a gritos. A pesar de la controversia, en febrero de 1925, el comité negó el premio a la médium: cuatro de sus cinco miembros votaron en contra.
Fotografías de espíritus: Lincoln posa para Houdini
Desenmascarar médiums uno a uno no le bastaba. Houdini quería que el público viera con sus propios ojos cómo se fabricaba un milagro, y pocos negocios del espiritismo daban tanto dinero como las fotografías de espíritus. El retrato más famoso del género, del fotógrafo de Boston William H. Mumler, muestra a Mary Todd Lincoln, la viuda del presidente asesinado, con el espectro de su marido posándole las manos en los hombros. Mumler llegó a ser juzgado por fraude, con el empresario de circo P. T. Barnum como testigo de cargo, aunque fue absuelto. Houdini decidió demostrar lo fácil que era fabricar una de esas fotografías sobrenaturales.

Ahí lo tenéis, con un álbum abierto sobre las rodillas, mirando fijamente al espectro translúcido de Lincoln, que, con gesto interesado, se inclina hacia la lámina que el mago le señala con el índice. Por supuesto, es un truco, hecho con la misma técnica que Mumler vendía como milagro. Bastaba con exponer dos veces la misma placa fotográfica, o con superponer dos negativos al positivar. Photoshop antes de Photoshop, IA antes de IA. En una toma quedaba Houdini en su butaca; en la otra, el retrato de Lincoln, que al sumarse a la primera se imprimía pálido y transparente, como un fantasma.
A partir de 1925, su espectáculo se anunciaba como «tres espectáculos en uno»: magia, ilusiones y escapes, y médiums fraudulentos desenmascarados.

En el escenario del Hippodrome de Nueva York dejaba que los espectadores se acercaran a ver cómo funcionaban los trucos de los médiums: las trompetas que flotaban, las pizarras que se escribían solas y las campanas que sonaban bajo la mesa.

En esta fotografía, un voluntario le sujeta las manos sobre la mesa, y aun así Houdini, que parece haberse quitado el zapato, hace sonar con el pie la campana que hay debajo, mientras el público solo tiene ojos para sus manos. Era el truco de Margery, ahora a la vista de todos.
Houdini en el Congreso: «Jesús no cobraba dos dólares la consulta»
Al año siguiente, Houdini llevó su guerra al Congreso. El 26 de febrero de 1926 declaró ante los comités de la Cámara de Representantes y del Senado que legislaban para el Distrito de Columbia, el de la capital, a favor de una ley para prohibir allí la adivinación de pago. En Washington, curiosamente, las licencias para ejercerla las concedía la propia administración. Para demostrar lo fácil que era obtener una de aquellas licencias, llevó una credencial de «ministro espiritista» que él mismo había conseguido.

Acudieron espiritistas y adivinas; como podéis ver en la foto, detrás de los dos hombres de la fotografía esperan su turno varias mujeres con sombrero. E intentaron que aquellas prácticas se equiparasen en cuanto a protección legal a la que gozan las religiones y, en cierto modo, lo lograron. Por ejemplo, la doctora Jane B. Coates, de la Spiritualist Church of America, lo acusó de atacar su religión, que según ella se remontaba a Jesucristo. Houdini le respondió:
Jesús era judío, y no cobraba dos dólares la consulta.
— Harry Houdini ante el Senado de Estados Unidos, según The New York Times (27 de febrero de 1926)
En otro momento arrojó un telegrama sobre la mesa y ofreció diez mil dólares a cualquier médium de la sala que adivinara lo que decía. El único que recogió el guante fue un congresista, lástima que solo lo hiciera de broma.
Finalmente, la ley no se aprobó. A pesar de que las pruebas de fraude eran abrumadoras, los espiritistas se presentaron ante el Congreso como una iglesia, y muchos legisladores no quisieron arriesgarse a perseguir una religión con la libertad de culto que garantiza la Constitución de por medio.
¿Cómo murió Houdini?
A sus cincuenta y dos años, el otoño de 1926 empezó mal para Houdini. El 11 de octubre se lesionó un tobillo en pleno número. Y las cosas solo fueron a peor. El viernes 22, en el Princess Theatre de Montreal, un estudiante de la Universidad McGill, J. Gordon Whitehead, le preguntó si era verdad que aguantaba cualquier puñetazo en el estómago. Houdini, sin mucho entusiasmo, contestó que su estómago aguantaba bastante, y antes de que pudiera prepararse, Whitehead le golpeó varias veces.
Le propinó a Houdini unos golpes como mazazos por debajo del cinturón, después de pedirle permiso para pegarle.
— Jacques Price, estudiante testigo del golpe, en el libro «The Edge of the Unknown» (1930), de Arthur Conan Doyle
Aquellos golpes lo dejaron más que afectado, pero a pesar de los dolores, Houdini siguió actuando. El domingo 24 de octubre subió al escenario del Garrick Theatre de Detroit con unos cuarenta grados de fiebre. Poco después lo ingresaron en el Grace Hospital, y el día 25 lo operaron de un apéndice gangrenado, con peritonitis. Murió el 31 de octubre, a las 13:26. El acta de defunción dice «peritonitis difusa» y, como causa contribuyente, «apendicitis perforada».
¿Lo mató el puñetazo? Los médicos de entonces hablaron de apendicitis traumática, provocada por el golpe. Hoy la medicina considera improbable que aquello le causara la muerte, pero aun así posible; una revisión publicada en 2010 en la revista del Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra documentó veintiocho casos en casi dos décadas. La tesis contraria sostiene que Houdini ya tenía apendicitis antes de Montreal, y que el golpe solo le sirvió para atribuir el dolor a otra cosa y retrasar el diagnóstico. No hubo autopsia, así que nunca se sabrá.
Tampoco faltó quien dijera que lo envenenaron los espiritistas. En 2007, un sobrino nieto del mago llegó a pedir que se exhumara el cadáver para comprobarlo, pero nadie presentó nunca los papeles legales necesarios, ni una sola prueba del envenenamiento.
Lo enterraron el 4 de noviembre en el cementerio Machpelah de Queens, en Nueva York, en el ataúd de bronce que había encargado para un número de enterrado vivo que ya no llegó a estrenar. Según Conan Doyle, le había costado dos mil quinientos dólares, toda una fortuna para la época.
«Rosabelle, believe»: ¿volvió Houdini del más allá?
Un médium llegó a pronunciar la contraseña entera, palabra por palabra, poco más de dos años después de su muerte. Y aun así, su esposa Bess nunca creyó que nadie hubiera logrado comunicarse con el espíritu de su marido. ¿Cómo es posible? Al fin y al cabo habían pactado que, si él moría primero y un médium conseguía de verdad hablar con él, le diría a ella una secuencia de palabras que nadie más conocía. Y precisamente eso es lo que logró aquel médium.
En enero de 1929, el médium Arthur Ford reprodujo la secuencia completa en unas sesiones en Nueva York:
Rosabelle – answer – tell – pray, answer – look – tell – answer, answer – tell. «Rosabelle» era la canción que Bess cantaba cuando se conocieron, y estaba grabada en su alianza.
Y Bess firmó una declaración en la que afirmaba que el mensaje que le había transmitido Ford, «completo y en el orden convenido», era el que había pactado con su marido. Certificaba que el mensaje era el correcto, no que hubiera logrado contactar con Houdini. ¿Por qué entonces eso no convenció a Bess?
Pues veréis, la prensa no tardó en acusar a Ford de montaje. Resulta que el código de la pareja se había publicado un año antes en la biografía autorizada del mago, que firmó el escritor Harold Kellock con los recuerdos de la propia Bess. Ford pudo haberlo leído allí, como cualquier otro lector.
Bess siguió buscando a su marido en otras sesiones. La última oficial se celebró la noche de Halloween de 1936, la noche en que, según la tradición, los muertos andan más cerca de los vivos, y en el décimo aniversario de su muerte, el plazo que, según anunciaron sus organizadores, Bess había pactado con Houdini. Al terminar, ante unas trescientas personas reunidas en la azotea del Knickerbocker Hotel de Hollywood, su mánager le preguntó si había tomado una decisión. Bess respondió:
Sí. Houdini no ha venido. Se me ha ido la última esperanza. No creo que Houdini pueda volver a mí, ni a nadie. […] La lámpara de Houdini ha ardido diez años. Ahora, con reverencia, apago la luz. Se acabó. Buenas noches, Harry.
— Bess Houdini, última sesión oficial en el Knickerbocker Hotel de Hollywood (31 de octubre de 1936)
Y apagó la lámpara que había mantenido encendida junto a su retrato durante una década.
El centenario de Houdini (2026)
La tradición no se apagó con aquella lámpara. Otros magos heredaron la sesión de Halloween y la han mantenido hasta hoy. Para el centenario, el 31 de octubre de 2026, se organizaron tres sesiones de espiritismo en la antigua casa de Houdini en Harlem, en Nueva York, con trece invitados cada una. La de las 13:26, la hora exacta de su muerte, costaba dos mil quinientos dólares por persona, y lo recaudado era para la investigación del cáncer y la restauración de la casa.
Como veis, cien años después todavía hay muchos que siguen sentándose a oscuras alrededor de una mesa, esperando que alguien pronuncie «Rosabelle». Quizá porque, como aquel Houdini que entró con el corazón desbocado en la suite de Atlantic City, todavía hay muchos que quieren creer.
Houdini en el cine, la música y el teatro
Su particular guerra con quienes afirmaban poder comunicarse con los muertos ha llegado también a la pantalla y al escenario. La película «Houdini» (1953), con Tony Curtis, salió de la biografía de Kellock; la serie «Houdini y Doyle» (2016) convirtió a los dos rivales en una pareja de investigadores de lo paranormal, y la cantante británica Kate Bush le dedicó a las sesiones de Bess la canción «Houdini» (1982). En España, el espectáculo «Houdini, historia de una muerte», que mezcla teatro, magia, escapismo y una sesión de espiritismo en escena, llega a Ávila el 28 de noviembre de 2026.
Si queréis leer a las dos partes, la editorial La Felguera reunió los textos de Conan Doyle y de Houdini sobre su enfrentamiento en «Sherlock Holmes contra Houdini» (2023). Y para la vida completa de tan fascinante personaje, está la biografía «Houdini» (2024) del escritor Eduardo Caamaño.
Fuentes y para saber más
- Harry Houdini, «A Magician Among the Spirits» (1924), texto completo en el Proyecto Gutenberg.
- Arthur Conan Doyle, «The Edge of the Unknown» (1930), con «The Riddle of Houdini», en Project Gutenberg Australia.
- Harry Houdini, «Houdini Exposes the Tricks Used by the Boston Medium “Margery”» (1924), en Internet Archive.
- PBS American Experience, «Houdini»: cronología y documentos.
- Library of Congress, «Hollywood, Houdini and the Halloween Séance of 1936».
- Michiganology (Archivos de Michigan), «Houdini in Detroit», con el acta de defunción.
- Wild About Harry, el blog del historiador John Cox.
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