Francesco Albano es un escultor italiano, afincado en Estambul, cuyo padre, también escultor, ya le inculcó de niño el amor por este arte. Sin embargo, como el mismo Francesco afirma, para él la escultura no ha dejado de ser un juego creativo, del mismo modo que para un niño puede serlo hacer figuritas con plastilina. ¿Pero acaso no pocos ansiamos dedicar nuestro tiempo a jugar?
Los grotescos cuerpos de Albano, desinflados, vacíos, carentes de aquello que lo sostiene (la propia vida) se convierten en una forma contundente de defender, y a la vez atacar, el tan manido y cada vez menos respetado axioma de “Lo que importa es el interior”.
-
Francesco Albano: escultura de piel desinflada al pie de una bañera antigua
-
Francesco Albano: escultura de piel desinflada derramándose de una bañera volcada
-
Francesco Albano: detalle de una escultura de piel desinflada, con manos y ombligo marcados
-
Francesco Albano: escultura de piernas y torso desinflados sobre un sillón de orejas colgado de cuerdas
-
Francesco Albano: detalle de la escultura del sillón, con la piel drapeada sobre el asiento
-
Francesco Albano: torso desnudo y sin cabeza, arrodillado sobre una silla antigua
-
Francesco Albano: piel desinflada colgada en el interior de una jaula de pájaros
-
Francesco Albano: cuerpo desinflado colgado de una estructura de alambre en forma de jaula, con las piernas convergiendo en un punto
-
Francesco Albano: otra vista del cuerpo desinflado colgado de su estructura de alambre
-
Francesco Albano: pliegue de piel desinflada apoyado sobre una mesita, sostenido por finas patas
-
Francesco Albano: torso sin cabeza en forma de jarrón, rematado con una gorguera y sostenido por finas patas de ave
-
Francesco Albano: torso sin cabeza con gorguera, sobre un tocón de madera, con patas de ave y cintas colgantes
-
Francesco Albano: piel desinflada al borde de una mesa, con platos de cerámica alineados sobre la superficie
-
Francesco Albano: escultura de piel desinflada rematada por una pila de platos, con los extremos ensangrentados
Según el propio autor, con su obra pretende expresar que por el simple hecho de existir en la sociedad actual, corremos el peligro de derrumbarnos, tanto a nivel físico como mental.
A mí me ha recordado mucho a los enfermos de cierto pabellón psiquiátrico descritos en la novela “Los renglones torcidos de Dios”, de Torcuato Luca de Tena.
Comentarios