Entre 1946 y 1958, los Estados Unidos realizaron 23 pruebas nucleares en el atolón micronesio de Bikini. Estas pruebas contaminaron con radiación el ecosistema de las islas durante décadas.
Tanto fue así que sus más de 200 habitantes fueron evacuados e indemnizados, aunque no hasta años después, con más de 100 millones de dólares.
La más famosa de esas pruebas, la bautizada como «Baker», detonó el 25 de julio de 1946 a 27 metros bajo la superficie de la laguna: una carga de 21 kilotones que levantó una columna de agua radiactiva de casi dos kilómetros de altura, envuelta en la nube blanca del llamado efecto Wilson. La onda expansiva y el agua contaminada hundieron o inutilizaron varios de los buques de guerra en desuso que la Marina estadounidense había fondeado alrededor como blanco del ensayo.
Las tres esfinges de Bikini (1947), de Salvador Dalí, nace de esa misma prueba, un año después de que sus imágenes dieran la vuelta al mundo. En la composición se suceden, de delante hacia atrás, dos cabezas humanas y, entre ambas, un árbol cuya copa repite la silueta de una nube en forma de hongo.
Muchos intérpretes leen la cabeza en primer plano como la humanidad, el árbol de en medio como la naturaleza, y la última cabeza —la que más se parece a la nube nuclear— como la destrucción. Las tres, sin embargo, quedan entrelazadas en una sucesión más surrealista que temporal, como si una se disolviera en la siguiente.
El cuadro se expuso por primera vez en noviembre de 1947, en la galería Bignou de Nueva York, dentro de la muestra «New Paintings by Salvador Dali». Desde entonces ha pasado por museos como el Louisiana de Humlebaek (Dinamarca), la Städtische Galerie de Fráncfort o la Staatsgalerie de Stuttgart, hasta recalar en su ubicación actual, bastante menos previsible: el Museo de Arte Moderno Morohashi, en Fukushima (Japón).
La obra sigue bajo derechos de autor vigentes —la Fundación Gala-Salvador Dalí los gestiona en exclusiva por cesión del Estado español— y no se reproduce en este artículo. Puede verse en la ficha oficial de su catálogo razonado, con imagen en alta resolución y su historial completo de exposiciones.
A modo de colofón, os dejo un par de vídeos pertenecientes a una serie de documentos recientemente desclasificados por el Gobierno de los Estados Unidos, en los que se puede apreciar, esta vez con la más cruda realidad, sin el velo surrealista, algunas de las pruebas con explosiones nucleares que se realizaron en aquella época:
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