Ya ha aparecido en esta página algún que otro artículo donde se muestran curiosos intentos de la humanidad de documentar e intentar hallar una explicación a ciertas enfermedades y patologías que afligen al hombre. No obstante, durante muchos siglos, el mero hecho de hacer una autopsia para estudiar el cuerpo humano, se consideró un acto blasfemo y criminal, por lo que la medicina y el método científico estuvieron relegados, en el mejor de los casos, a la clandestinidad. Y quienes la practicaban se jugaban bastante más que eso: a Miguel Servet, el primer europeo en describir la circulación pulmonar, lo quemaron en la hoguera en 1553. No por el hallazgo anatómico, todo sea dicho, sino por las herejías teológicas que defendía en el mismo libro donde lo publicó; aunque al fuego, que devoró al hombre y a su obra, la distinción le dio igual. Afortunadamente, a partir del Renacimiento, esta tendencia cambia: Dios deja de ser el centro de todo el pensamiento humano y el hombre ocupa su lugar. Con el paso del tiempo, van apareciendo obras médicas impensables en la Edad Media, en las que, poco a poco, se van desentrañando los misterios del cuerpo humano. Y en la primera mitad del siglo XIX, tenemos la obra que hoy nos ocupa, uno de los mejores ejemplos de estudios médicos relativamente modernos.
En 1830, el médico francés Jean-Baptiste Marc Bourgery (1797 – 1849) emprendió su «Traité complet de l’anatomie de l’homme» («Tratado completo de la anatomía del hombre»), conocido hoy como Atlas de Anatomía Humana y Cirugía, una especie de enciclopedia médica que se publicó por entregas en París entre 1831 y 1854: ocho volúmenes de texto (2.108 páginas en total) y otros ocho de láminas. Bourgery no llegó a verlo terminado; murió de cólera en 1849, y en el último volumen había dejado escrito, con amargura, que tras veinte años de trabajo no era nada y ya no esperaba nada. Serían, no obstante, las detalladísimas ilustraciones que lo acompañan, obra del pintor y litógrafo Nicolas Henri Jacob (1782 – 1871), discípulo de Jacques-Louis David, lo que harían de esta pieza un material de referencia para las generaciones posteriores, tanto de médicos y cirujanos como de artistas.
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Nicolas Henri Jacob: disección de la órbita ocular, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía» (1831-1854)
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Nicolas Henri Jacob: extirpación de un tumor de mama, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: cirugía del conducto lagrimal, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: anatomía y motilidad del ojo, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: cirugía maxilofacial con sutura del rostro, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: disección de la mandíbula y la mejilla, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: extracción de una bala alojada en el hueso del brazo, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: instrumental y procedimiento de trepanación craneal, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: cirugía de mano y muñeca, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: disección de la pared torácica, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: trepanación craneal con el cuero cabelludo abierto, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: cirugía de la lengua, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: amputación de la articulación del hombro, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
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Nicolas Henri Jacob: cirugía de mano y muñeca con ligadura, lámina del «Atlas de Anatomía Humana y Cirugía»
Además del valor estético de estas litografías de Jacob (726 en total, dibujadas del natural y coloreadas a mano con plantillas), destaca la forma en la que ilustran las intervenciones quirúrgicas más habituales en una época en la que la medicina moderna estaba dando sus primeros pasos. Una época, conviene recordarlo, sin anestesia: el éter no se usó en un quirófano hasta 1846. Y, sin embargo, en las láminas las manos del cirujano aparecen siempre con sus puños de camisa y su levita, y los pacientes, con el gesto sereno de un modelo de academia, como si la carne abierta no doliera.
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Las láminas de este artículo proceden, en su mayoría, de los ejemplares digitalizados por la Biblioteca patrimonial de Sorbonne Université (Licence Ouverte).
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